Un investigador gallego patenta una nueva vacuna contra la tosferina

El tratamiento actual empieza a perder eficacia, lo que genera preocupación

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La Voz de Galicia
Sociedad
07/04/2018
 

Aún no existe una alarma generalizada, pero sí una creciente preocupación. La actual vacuna contra la tosferina, implantada en los años 90 del pasado siglo, está perdiendo eficacia. Protege, pero en un porcentaje menor del esperado y con una disminución de la respuesta inmunitaria con el paso del tiempo mayor también de lo previsto, algo que se ha empezado a detectar desde el 2010 y que va en aumento, lo que se atribuye a que el patógeno se ha ido adaptando al sistema inmune. Las vacunas acelulares, fabricadas con distintos trozos de la bacteria que causa la infección, la Bordetella pertussis, reemplazaron al tratamiento anterior, introducido en los años 50 y diseñado a partir de células enteras inactivadas, a causa de su toxicidad. Era muy eficaz, pero provocaba reacciones adversas en forma de fiebre y convulsiones, por lo que los países desarrollados decidieron retirarlo del mercado.

Ante este panorama urge la búsqueda de una nueva formulación de la vacuna, a lo que están dedicando inversiones millonarias. La clave está en volver al modelo del pasado, pero eliminando su toxicidad. Es lo que ha conseguido, de momento en ensayos in vitro y en pruebas posteriores en animales como ratones y conejos, un equipo liderado por el investigador gallego Jesús Arenas (Vilagarcía, 1975), después de varios años de trabajo en las universidades holandesas de Wageningen, como líder de proyectos, y en la de Utrecht, que han derivado en una patente internacional para una nueva vacuna contra la tosferina.

Aún queda un largo trabajo por delante y realizar ensayos clínicos en humanos, pero la patente, que gestiona el Instituto Holandés de Vacunas (Intravacc), con el que también colabora el científico gallego, ya ha despertado el interés de las multinacionales.

Envuelta celular

¿En qué ha basado su estrategia? En modificar la estructura del lipopolisacárido bacteriano (LPS), una estructura que está presente en la envuelta celular y que constituye uno de los principales factores de la toxicidad, ya que puede generar una importante reacción inflamatoria en humanos y animales. Es la diana hacia la que también se habían dirigido en la última década investigadores de todo el mundo, pero hasta ahora sin éxito. Por contra, el investigador arousano, en una colaboración con Intravacc y la Universidad de Utrecht, sí lo logró utilizando distintas técnicas de ingeniería genética. «Conseguimos -dice- eliminar por completo la toxicidad de LPS realizando modificaciones muy sutiles en su estructura que fueron aceptadas y que han resultado eficaces». Arenas asegura que «este es un primer paso para una nueva fórmula vacunal contra esta enfermedad».

Si la nueva vacuna celular resulta segura supondrá un paso muy importante, no ya solo porque su eficacia es mayor, sino también porque «trabajar con células enteras reduce los costes, porque es mucho más barato que trabajar con subunidades del patógeno purificadas, lo que hará que la protección sea mucho más asequible para todo el mundo».

Igual o más importante puede ser el hecho de que en las modificaciones realizadas en el lipopolisacárido se detectó una alteración que resultaba siempre en la pérdida de toxicidad, independientemente de su localización en la molécula. O, dicho de otra forma, se abre una estrategia que puede ser utilizada para obtener vacunas celulares no tóxicas contra otros microorganismos resistentes a antibióticos, como las Pseudomonas aeruginosa o la Klepsiella pnumoniae, dos de las bacterias que causan un mayor número de infecciones hospitalarias.

Para avanzar en esta línea, Jesús Arenas ha iniciado una colaboración con el grupo de Investigación en Microbiología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac), liderado por Germán Bou, quien ha desarrollado una plataforma para obtener vacunas celulares de alta efectividad contra distintos patógenos con multirresistencia a antibióticos. «Lo estamos probando con pseudomonas y el objetivo es reducir la toxicidad manteniendo la inmunogenicidad, lo que sería algo muy importante», advierte Bou. La investigación es más que prometedora.